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Animoca Brands toma el control del metaverso «The Sandbox»

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La fiebre del metaverso que hace apenas unos años prometía transformar el internet en un vasto universo inmersivo acaba de sufrir otro golpe. The Sandbox, una de las plataformas más emblemáticas de este sector, ha anunciado un drástico recorte de más del 50% de su plantilla y el cierre de varias de sus oficinas internacionales, mientras su principal accionista, Animoca Brands, asume el control directo de la compañía. El ajuste refleja la dificultad de convertir la inversión millonaria y la expectación inicial en un modelo sostenible con usuarios reales y comprometidos.

Una reestructuración forzada por la caída del interés

Según adelantó el medio francés The Big Whale, de los aproximadamente 250 empleados que tenía The Sandbox, más de la mitad perderán su puesto. Además, la compañía clausurará sedes en Argentina, Uruguay, Corea del Sur, Tailandia y Turquía, a lo que se sumará el cierre de su oficina central en Lyon, Francia.

El golpe no es solo laboral, también institucional: los fundadores Arthur Madrid y Sebastien Borget han sido apartados de la gestión ejecutiva. En su lugar, las riendas quedan en manos de Yat Siu, consejero delegado de Animoca Brands, conglomerado que desde hace tiempo se posicionaba como socio estratégico y ahora toma control directo de las operaciones.

La noticia llega en un momento en que el entusiasmo por el metaverso ha decaído. A pesar de haber recaudado más de 300 millones de dólares en rondas de financiación a lo largo de ocho años y de vender unos 350 millones en “tierras virtuales” durante el pico especulativo de 2021, The Sandbox apenas cuenta hoy con unos pocos centenares de usuarios activos diarios. Fuentes cercanas al proyecto aseguran que buena parte de esa actividad proviene de bots, especialmente en Sudamérica, lo que pone en cuestión el verdadero alcance de su comunidad.

El reto de salvar un token en caída libre

El deterioro del token nativo, SAND, es otro reflejo de la crisis. Tras alcanzar una capitalización de mercado de 6.200 millones de dólares en 2021, hoy apenas ronda los 700 millones tras una corrección del 90%. Ni siquiera la reciente recuperación del mercado de altcoins ha logrado revertir la tendencia bajista.

En este contexto, el futuro de la tesorería cripto de The Sandbox, estimada entre 100 y 300 millones de dólares, será clave. Buena parte de esos fondos provienen de las ventas de parcelas digitales durante la burbuja del metaverso, y su destino podría definirse mediante votaciones de gobernanza entre los poseedores de SAND. Sin embargo, la participación comunitaria es mínima: en agosto, solo se registraron 291 votos repartidos en tres propuestas, lo que pone en duda la capacidad del modelo de gobernanza descentralizada para guiar la reestructuración.

El panorama revela el contraste entre las promesas iniciales y la realidad actual. The Sandbox, que llegó a simbolizar el potencial del metaverso para atraer marcas globales y comunidades digitales, enfrenta ahora la amenaza de convertirse en un caso de estudio sobre los límites del entusiasmo especulativo.

El metaverso entre el sueño y el desencanto

El declive de The Sandbox no es un caso aislado, sino parte de una tendencia más amplia que afecta al sector del metaverso. Tras el auge vivido en 2021, cuando empresas tecnológicas y capital de riesgo inyectaron miles de millones de dólares en proyectos virtuales, el mercado ha mostrado dificultades para mantener una base de usuarios constante.

El contraste con el auge de la inteligencia artificial es evidente. Mientras el metaverso lucha por retener la atención de inversores y consumidores, las compañías tecnológicas se vuelcan en herramientas de IA, consideradas hoy como la gran frontera de la innovación digital.

La pregunta que queda abierta es si The Sandbox podrá reinventarse bajo la dirección de Animoca Brands, utilizando su tesorería y marca todavía reconocida para encontrar un nuevo rumbo, o si quedará relegada como un símbolo de un ciclo especulativo que nunca alcanzó su promesa.

En cualquier caso, el desenlace marcará un precedente para todo el ecosistema del metaverso, que tendrá que demostrar si fue una moda pasajera o si aún existe espacio para un renacimiento más pragmático y sostenible.

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