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La red de Monero en riesgo tras el control de Qubic

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La red de Monero, la criptomoneda de referencia en privacidad, atraviesa uno de los episodios más críticos de su historia reciente. Qubic, un proyecto liderado por Sergey Ivancheglo —cofundador de IOTA—, asegura haber alcanzado el 51% del poder de cómputo de la red, lo que le otorga la capacidad técnica para alterar su funcionamiento de forma decisiva. Este hito no es solo un desafío puntual: plantea interrogantes profundos sobre la resistencia real de Monero y, por extensión, de las cadenas de bloques basadas en prueba de trabajo (Proof of Work, PoW) frente a actores coordinados con suficientes incentivos económicos.

Un experimento con implicaciones peligrosas

En un comunicado, Qubic describió la operación como un “experimento estratégico” que aplicó de forma calculada la teoría de juegos para atraer mineros a su órbita. Lo hizo a través de un modelo de “prueba de trabajo útil” (Useful Proof of Work), que convierte las recompensas obtenidas en Monero en USDT, y posteriormente utiliza esos fondos para recomprar y quemar su propio token, QUBIC. Esta estrategia, que combina minería y reducción de oferta monetaria de su criptoactivo, incrementó sustancialmente los beneficios para sus participantes, provocando un éxodo de mineros desde los pools tradicionales de Monero hacia Qubic.

La velocidad de la escalada fue llamativa. En mayo, Qubic apenas representaba menos del 2% del hashrate de Monero. A finales de julio ya controlaba más del 25%, y ahora asegura haber superado el umbral crítico del 51%. Con ese nivel de poder de cómputo, un solo actor puede reorganizar bloques ya confirmados, ejecutar ataques de doble gasto o censurar transacciones —una amenaza especialmente sensible para un protocolo cuyo valor reside en garantizar la privacidad y la resistencia a la censura.

Aunque Qubic insiste en que su objetivo no es “romper” Monero, sino demostrar que las fuerzas del mercado y una coordinación eficiente pueden otorgar el control de una red mayor a un protocolo más pequeño, el simple hecho de que sea posible genera una fuerte incertidumbre. En cuestión de horas, el precio de XMR cayó un 6%, acumulando un retroceso del 13,5% en la última semana.

Monero frente a la prueba más dura de su diseño

Monero utiliza el algoritmo RandomX, diseñado para favorecer la minería con CPU y desalentar el uso de ASICs, en teoría evitando la concentración de poder. Sin embargo, la maniobra de Qubic demuestra que la descentralización técnica no es suficiente cuando hay incentivos financieros más atractivos fuera del ecosistema.

Expertos del sector advierten que mantener este tipo de control no es barato. Charles Guillemet, director de tecnología de Ledger, estima que el coste diario de sostener el ataque rondaría los 75 millones de dólares. Pese a ello, señala que el daño a la confianza en la red podría ser inmediato y devastador, dejando a los mineros sin motivación para seguir participando. BitMEX Research, por su parte, apunta que si Qubic logra mantener la supremacía y capturar todas las recompensas de bloque, Monero podría entrar en una espiral de desvalorización difícil de revertir.

La situación también pone de relieve una realidad incómoda para otras criptomonedas de mediana capitalización basadas en PoW, como Ethereum Classic o Bitcoin Gold, que ya han sufrido ataques similares en el pasado. En ellas, el coste de alcanzar la mayoría del hashrate es mucho menor que en Bitcoin, cuya escala y seguridad hacen inviable un ataque de este tipo.

Por ahora, Qubic afirma que no ha activado un control total del consenso y que ha evitado acciones que pudieran hundir aún más el precio de XMR. Sin embargo, la tensión no ha desaparecido. Durante la primera ofensiva de Qubic, la red sufrió ataques DDoS que, si bien no derribaron su núcleo, sí interrumpieron servicios periféricos. Ivancheglo sostiene que esos ataques continúan, atribuyéndolos a “maximalistas de Monero” en represalia.

Un precedente inquietante para el ecosistema

La ofensiva de Qubic contra Monero es, en esencia, una advertencia para todas las cadenas de bloques que confían en que su arquitectura técnica las protege frente a ataques del 51%. Demuestra que no solo la potencia de cómputo importa, sino también la dinámica de incentivos que rodea a la minería.

En el caso de las criptomonedas orientadas a la privacidad, el riesgo es doble: si una sola entidad controla la red, no solo compromete su seguridad, sino también la confianza en que sus transacciones permanecerán libres de censura. Incluso si Qubic detiene aquí su experimento, el episodio ya ha dejado una cicatriz en la reputación de Monero y ha reabierto el debate sobre la verdadera resiliencia de las cadenas PoW en un entorno donde la competencia por recursos de minería es global y cada vez más sofisticada.

El desenlace aún es incierto. Lo que está claro es que, a partir de ahora, cualquier protocolo que presuma de descentralización tendrá que responder a una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si mañana aparece un Qubic en su camino?

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